Presentación

31.07.2021

A día de hoy, en el año de 2022, tengo 69 años. El tiempo no corre... ¡vuela! y cuando miro a mi alrededor compruebo que algunos de los que iniciaron su vida cerca de mi han caido para no levantarse más. No obstante, no quiero darle un enfoque pesimista a lo que me queda de existencia, bien al contrario. Así que os voy a contar algunas cosas de mi vida, por si a alguien le interesa conocerme un poco mejor.


Nací en Alicante un 4 de enero de 1953, pero pronto me vine a Málaga, apenas con un año, por razones del trabajo de mi padre. Creo que tuve la gran suerte de aterrizar en esta ciudad, donde la calidad de vida es, a mi entender, de las mejores de España. Salir cada mañana y ver el mar es algo sanador, como lo es -es lo que yo hago- respirar profundamente el aire que viene del mar a última hora de la noche, justo antes de dormir. Quien tenga la suerte de vivir junto a mar como yo, debería hacerlo cada noche.
Estos son los Pisos de Cantó, donde vivo, en una imagen de los años '50. Entre "las rocas" que contenían al mar (aún no había playa) y las casas se desplegaban las redes de los pescadores y las vías de la línea férrea FEVE por donde circulaba "la cochinita", un tren de vía estrecha que unía Málaga con la costa este.

Mi infancia fue realmente feliz, al menos así lo siento hoy, cuando recuerdo las mañanas de los días 6 de enero y sobre la mesa del comedor aparecían los juguetes que mi propio padre había construido para mi; sus recursos económicos no daban como para compras, así que él, ue siempre fue un "manitas", se entretenía, sin que yo me enterase, en fabricar un fuerte que defendían soldados americanos y atacaban indios sobre caballos. O espadas de madera, como la que me fabricó como estoque y que unió a un capote y a una montera, atrezzo con el que pude debutar en el coso del salón de mi casa.

Las medias verónicas eran lo mío...
Las medias verónicas eran lo mío...

En fin, eran los años '50 y mi vida comenzaba a salir a flote pese a las miserias de la época entre la clase trabajadora. MI padre procuraba que nos nos faltase de nada, pero solo él supo los sacrificios que eso le supuso. MI madre contaba que fabricaba en verano banderillas de colores para venderlas como souvenir junto a la Plaza de Toros, que está a pocos metros de los Pisos de Cantó donde vivíamos.

Entrar a matar pero sin sangre.
Entrar a matar pero sin sangre.

Nunca faltaron los juegos...

...porque salía con mi madre cada tarde a pasear o a ver cómo los pescadores tejían y reparaban sus redes en la zona que ellos habilitaron frente a nuestras casas, entre el mar y los raílesde "la cochinita". Mi madre y Alicia su amiga, alicantina también pasaban horas sentadas en la terraza del "Kiosko frente al Mar", realmente el único bar de esa zona costera. A la derecha -mirando desde el mar- entre los otros dos bloques, estaban los "Baños de Apolo", un concurrido mini-balneario donde los clientes se daban baños con agua de mar.

...y nunca faltó el amor

Mis maledicentes detractores dicen que aquí "ya apuntaba maneras", pero este beso fue de lo más inocente y la demostración de amistad más pura que puede imaginarse. Con Alicia crecí, paseamos y compartimos magníficos momentos de juegos. Hasta que un día, ya mayorcitos, ella se fue, con sus rizos dorados, sus ojos claros y su sonrisa a endulzar la vida de quién sabe qué otros amigos de juego o compañeros de clase. Por suerte, Alicia y yo mantenemos una epistolar amistad todavía y nos queremos como se quieren dos hermanos que viven en diferente ciudad.

Fijáos que realmente siempre hubo amor en mi vida que, tras un salto de años entre el beso con Alicia y esta imagen pasaron momentos de mi juventud inolvidables, y de ellos estoy intentando recopilar fotos. En esta, Ana, un compañero y yo en la pista del Aeropuerto Nacional charlando de algo que debía ser "importante", por nuestros semblantes. Hablando de amor, con Ana me casé cuatro años más tarde.

Share
¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar